Aunque pueda parecer contradictorio utilizar la energía solar para calefactar un hogar en invierno, debido a la menor cantidad de horas de sol, la realidad es que una instalación de este tipo se consigue entre un 30 y 50% de las necesidades térmicas de una vivienda. Para ello, se realiza la instalación de unas placas solares llamadas colectores, que absorben el calor del sol y lo transmiten a un circuito cerrado por el que discurre un fluido que, a su vez transmite el calor al sistema de calefacción.